Homo insipiens: La ignorancia del homo videns hecha virtud

Lo característico del momento es que el alma vulgar, sabiéndose vulgar, tiene el denuedo de afirmar el derecho de la vulgaridad y lo impone dondequiera. (1930, Ortega y Gasset)

Giovani Sartori definió por algún tiempo al hombre como “homo sapiens” por su capacidad de pensamiento y reflexión, luego como “homo faber” por ser el animal capaz de transformar al mundo y transformarse a sí mismo mediante su capacidad técnica.

Desde la invención de la fotografía se ha generado la creencia de que las imágenes “reflejan” la realidad, olvidando que detrás de ella está la persona que ha elegido un determinado enfoque, ángulo o plano acordes con su propia concepción del mundo y sus intenciones; es así que con el surgimiento de los medios audiovisuales, algunos autores hablan del nacimiento de una nueva escritura, la escritura en imágenes.

Al respecto, Giovanni Sartori acuña un término para un mundo representado por generaciones de video-niños sordos de por vida a los estímulos de la palabra escrita: “homo videns”, cuyo significado es la vinculación del hombre con las imágenes que de él recibe en los procesos de comunicación.

La imagen ha sido constantemente utilizada como el muñeco de un ventríluoco, que parece que habla cuando en realidad no solo no está diciendo nada, sino que encima enmascara la presencia de la voz de su amo. (Josep Mengual Català Doménech)

La hegemonía de la imagen, la multiplicación de puntos de vista, de centros emisores de significados y de informantes visuales representan los pilares de la hipervisualidad, incluso Renobell se aventura a afirmar que con este paradigma, la sociedad llega a un estado de hipnosis y catarsis visual: Un mundo cargado de imágenes rápidas y aceleradas.

¿Exagera Giovanni Sartori al afirmar que un mundo concentrado sólo en el hecho de ver, es un mundo estúpido?

De acuerdo a Sartori, el hombre pasó de caracterizarse como un ser de reflexión (homo sapiens) a una criatura que mira pero que no piensa (homo videns), y más adelante, que ve, pero que no entiende (homo insipiens).

Para explicar esta evolución del hombre, Sartori se adelanta a marcar una diferencia entre la capacidad de ver, y la capacidad de simbolizar, distinguiendo entre el homo ludens y el homo videns, en tanto que, en este último, es el uso desmedido de los medios artificiales para reproducir la imagen, lo que altera la capacidad de simbolización del hombre. Es decir que a diferencia del homo ludens, en el homo videns la representación visual es antecedida por el signo verbal.

El niño aprende de la televisión antes que de los libros; se forma viendo y ya no lee. Dicha formación va atrofiando su capacidad para comprender, pues su mente crece ajena al concepto que se forma y desarrolla mediante la cultura escrita y el lenguaje verbal.

¿Cuáles son las consecuencias del pensamiento ante el debilitamiento de lo simbólico?

El homo insipiens (necio y, simétricamente, ignorante), nos dice Sartori, siempre ha existido y siempre ha sido numeroso. Pero hasta la llegada de los instrumentos de comunicación de masas los “grandes números” estaban dispersos, y por ello mismo eran muy irrelevantes. Hoy, gracias a las comunicaciones de masas estos mundos “dispersos” se encuentran y se pueden “reunir”, y de este modo hacer masa y adquirir fuerza.

Los medios alimentan nuestros fantasmas arcaicos a base de hacerlos populares y cotidianos. Al despojarles del horror y maquillarlos con la neutralidad afectiva del que informa sobre hechos sin ninguna valoración de tipo moral, los crímenes se nos antojan como algo banal, algo a consumir. (Francisco Traver)

Los medios de comunicación, así llamados por unos, pasan a ser los “miedos” de otros; de manera que no solo los crímenes, sino cualquier hecho por más o menos insignificante que parezca, “virtualmente” masificado se convierte, como dice Traver, en un “artículo de consumo”.

La imagen aliena y la palabra llena de sentido hasta el sinsentido en el que muchos viven. (Francisco Traver)

Y es que el acto de ver anula, por lo menos el de pensar, de manera que al renunciar a nuestra capacidad de reflexión, no solo renunciamos al conocimiento, sino a nuestra capacidad de dar sentido y significado; tanto que la imagen externa solo nos interesa en la medida que obtura la angustia del vacío interno, convirtiéndonos de este modo en el homo insipiens que exalta la ignorancia como virtud, y que a su vez se vuelve presa de sus propios fantasmas.

Ver video

Referencias.

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2 pensamientos en “Homo insipiens: La ignorancia del homo videns hecha virtud

  1. Bueno, gracias por las menciones pero me gustaría añadir algo. Personalmente no creo que las imágenes contribuyan a una saturación de lo simbólico sino todo lo contrario: a su debilitamiento. En realidad las imágenes tienen más que ver con lo imaginario que con lo simbólico y más que eso, son las imágenes que se presentan simultáneamente desde varias perspectivas las que contribuyen a debilitar lo simbólico. Y dado que lo simbólico es un toldo que nos guarece de los real y que captura sentidos y significados es posible afirmar que la imagen al contrario de la palabra nos debilita frente a los embates de lo Real. Recordar es ver lo que se sabe. Saber es recordar lo que se vio. Ver es saber sin recordar.
    Orham Pamuk (Me llamo Rojo)

    • Muchas gracias por su visita y su comentario, releo el artículo y entiendo el acotamiento que hace a propósito de la diferencia entre lo imaginario y lo simbólico. Estoy totalmente de acuerdo. Un saludo.

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